miércoles, junio 28, 2006

Circunstancia vida.

Bien sabemos o más bien asimilamos como cierto el hecho de que somos y existimos, mas, si bien somos entes autárquicos que poseemos la maravillosa facultad de gobernar sobre una parte de nosotros mismos, capaces de deliberar, razonar, abstraernos y proyectarnos, somos seres circunstanciales, limitados y rendidos ante una forma de existencia restringida, definida por las leyes que gobiernan y moldean el mundo del cual -de un día para otro- comenzamos a formar parte, y del que del mismo modo dejaremos de hacerlo. Luego, somos esclavos de una -la nuestra- efímera circunstancia.
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Dicha circunstancia intrigante, fascinante, que nos limita a ser lo que somos -por consiguiente a no ser lo que no somos-, es conocida como la circunstancia vida, y lo paradógico es que si bien esclavos de aquélla (nacidos condenados a morir cuando ya no seamos funcionales), hemos aprendido poco a poco a dominarla, utilizando las herramientas que nos ha ido acoplando azarosamente en nuestro genoma como fruto de su relativa selectividad. Somos lo que la circunstancia vida nos ha hecho, y si lo somos es o porque simplemente lo somos, o porque talvez debemos serlo. (Nota: En algún otro momento me referiré al carácter deontológico de la circunstancia vida).
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Ahora, el devenir puede ser construido conforme dominamos nuestra circunstancia, conforme la conocemos y la aprovechamos. Como esclavos -favorecidos- de la circunstancia vida, pudiéramos seguir dos sendas de evolución: La primera, intentar poco a poco independizarnos de dicha circunstancia (y ya hemos comenzado a hacerlo al constituirnos como un linaje con dominio consciente y poderoso), hasta el punto de no depender más que de nosotros mismos para ser y para existir; la segunda, ser fieles a aquélla, extender su dominio más allá de lo que podría por sí sola, y al hacerlo aumentar nuestro dominio propio, pues somos parte de ésta. Si lográramos independizarnos del hecho de estar vivos, pero aún así seguir siendo y existiendo, es porque habríamos seguido la primera senda; si por otra parte lográramos llevar y controlar la vida hacia y en otros mundos, hacerlos habitables, extender la longevidad de un linaje, o aumentar la funcionalidad de ciertas formas vivas, estaríamos -estamos- siguiendo la segunda. Es de comprender que podemos seguir ambos caminos en tiempos diferentes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿qué senda estás siguiendo tú?
saludos...

Filo dijo...

La segunda, me debo a la vida por el solo hecho de estar vivo. Por lo demás, no poseo ni la osadía ni el dominio de las infinitas variables -que se han de controlar- como para independizarme de la circunstancia vida, y seguramente si lo intentara, al acercar peligrosamente mi medio (cuerpo orgánico viviente) con mi fin (independizarme de mi circunstancia), yo, como ego (ser circunstancial), me extinguiría sin lograrlo.